Deliraba una serrana
cuando en el monte cuidaba
un gran rebaño de ovejas:
blancas, negras y bermejas
en un corral encerradas.
Por su pastor suspiraba
teniendo dulces recuerdos
de las noches disfrutadas
ahíta de amor y besos.
En su choza de retamas
calentada por el fuego,
solo sentía calores
fomentando los recuerdos.
Un lobo en la lejanía
deja escapar su lamento,
y la Luna va al encuentro
del Sol cuando amanecía.
Un día; detrás...otro;
era gran melancolía
solo apacentar ganado,
sabiendo que el ser amado
es ausente en compañía.
Deja al ganado, serrana,
marcha del monte deprisa,
vuelve pronto a tus amores
que una loba en sus ardores,
robó al pastor de tu vida.
Emilio.
Mostrando entradas con la etiqueta En un lugar de la Mancha. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta En un lugar de la Mancha. Mostrar todas las entradas
miércoles, 21 de noviembre de 2007
domingo, 18 de noviembre de 2007
Continuando con aquello... Cap. I
Cuento para niños.
A ver, niños… acercaos, hacer un corro. Así sentaditos…
Ha venido de La Mancha, un señor, se llama Emilio, (malditas rimas que atacan, siendo en prosa lo que escribo), os quiere contar un cuento muy bonito.
Hola niños, soy Emilio.
Vosotros, sois extremeños, yo soy manchego; ¿sabéis que un señor, hace muchos, muchos
años, escribió un libro, que hablaba de las cosas que nos pasan a todos?.
Se llama Miguel, le faltaba una mano. En una guerra en el mar, la perdió de un cañonazo, le dolió mucho.
El rey que había entonces, lo metió en una cárcel de un pueblo de La Mancha. Hacia mucho frió, era una cueva, es verdad la he visto yo. Parece que se gastó el dinero del rey en piruletas y claro el rey se enfado mucho con el.
Estando allí encerrado, empezó a contar este cuento:
En un lugar de La Mancha…,
Bueno niños, ya sabéis, en donde empieza el cuento. Muy cerca de mi casa. ¿Os gusta ?.
Había en este pueblo, un señor que todo, todo el día, se lo pasaba leyendo libros de guerras y de caballos. De tanto y tanto leer lo mismo, se puso malo y se volvió loco. Se llamaba Alonso Quijano. Vivía con el, su sobrina y una señora que arreglaba la casa.
Como comía muy poco, estaba muy delgado y no tenia fuerzas para nada, nada.
Un día, pensó en hacer las aventuras, que hacían en las historias que leía. Preparó las cosas para hacerlo. Tenia un caballo, que tampoco comía mucho y también estaba muy delgadito,
se llamaba Rocinante.
Vivía en su pueblo, un señor bajito y gordo, que se llamaba Sancho Panza, era muy bueno,
pero le gustaba mucho comer. Tenia un borriquito que se llamaba Rucio y su mujer se llamaba Teresa y tenia un perro y tenia una cabra y mas cosas.
El señor Quijano, el delgadito, le pregunto a Sancho, el gordo, que si quería salir de aventuras con el. Sancho, le dijo que si y que cuanto le pagaría.
El señor Quijano, le dijo que lo haría jefe de un pueblo. Se dijeron que de acuerdo.
Al día siguiente, el señor Quijano con su caballo Rocinante y Sancho Panza con su Rucio,
empezaron las aventuras que después os contare.
Emilio.
A ver, niños… acercaos, hacer un corro. Así sentaditos…
Ha venido de La Mancha, un señor, se llama Emilio, (malditas rimas que atacan, siendo en prosa lo que escribo), os quiere contar un cuento muy bonito.
Hola niños, soy Emilio.
Vosotros, sois extremeños, yo soy manchego; ¿sabéis que un señor, hace muchos, muchos
años, escribió un libro, que hablaba de las cosas que nos pasan a todos?.
Se llama Miguel, le faltaba una mano. En una guerra en el mar, la perdió de un cañonazo, le dolió mucho.
El rey que había entonces, lo metió en una cárcel de un pueblo de La Mancha. Hacia mucho frió, era una cueva, es verdad la he visto yo. Parece que se gastó el dinero del rey en piruletas y claro el rey se enfado mucho con el.
Estando allí encerrado, empezó a contar este cuento:
En un lugar de La Mancha…,
Bueno niños, ya sabéis, en donde empieza el cuento. Muy cerca de mi casa. ¿Os gusta ?.
Había en este pueblo, un señor que todo, todo el día, se lo pasaba leyendo libros de guerras y de caballos. De tanto y tanto leer lo mismo, se puso malo y se volvió loco. Se llamaba Alonso Quijano. Vivía con el, su sobrina y una señora que arreglaba la casa.
Como comía muy poco, estaba muy delgado y no tenia fuerzas para nada, nada.
Un día, pensó en hacer las aventuras, que hacían en las historias que leía. Preparó las cosas para hacerlo. Tenia un caballo, que tampoco comía mucho y también estaba muy delgadito,
se llamaba Rocinante.
Vivía en su pueblo, un señor bajito y gordo, que se llamaba Sancho Panza, era muy bueno,
pero le gustaba mucho comer. Tenia un borriquito que se llamaba Rucio y su mujer se llamaba Teresa y tenia un perro y tenia una cabra y mas cosas.
El señor Quijano, el delgadito, le pregunto a Sancho, el gordo, que si quería salir de aventuras con el. Sancho, le dijo que si y que cuanto le pagaría.
El señor Quijano, le dijo que lo haría jefe de un pueblo. Se dijeron que de acuerdo.
Al día siguiente, el señor Quijano con su caballo Rocinante y Sancho Panza con su Rucio,
empezaron las aventuras que después os contare.
Emilio.
Despues de dormir, continuamos. Cap.II
¿Habéis dormido muy bien?, nuestros amigos, también han descansado.
Veréis, ya conocemos a todos los componentes de esta historia, ahora, nos vamos a divertir. Vamos a hacerlos hablar en verso, será guay y chuly, ya veréis:
Tu Juan, serás Quijano,
¿te quieres poner un mote?...,
si señor…, a ver, a ver…
me llamaré Don Quijote.
Tu Pedro, serás caballo,
ese que nombramos antes,
y que siendo muy delgado
te llamaras Rocinante.
Bueno Luis, como eres bajito
y te gusta la labranza,
te ha tocado:
desde ahora, Sancho Panza.
Solo falta un personaje
es el del lindo burrito,
¡ a ver Lucio!, ese Rucio
para siempre, tu amiguito.
Como esta historia es muy larga
solo contare una escena,
por ser la mas conocida
con molinos, la contienda.
En la llanura manchega
una imagen se destaca…,
un Don Quijote a caballo
y Sancho, que en asno montaba…
Amigo Sancho, te digo
que allí lejos, en la distancia,
he visto a unos gigantes
que sus brazos agitaban,
Mire usted bien, Don Quijote,
que en esa loma lejana,
solo se ven los molinos
para moler la cebada.
¡ Mal empieza esta jornada!...
Rocinante se quejaba
pues sabia que su amo,
por su edad, ya desvariaba.
Yo soy Rucio, no borrico,
si Rocinante se queja,
mala será la semana
y mas, montado en mi, Sancho,
que es una carga pesada.
Decidido, Sancho amigo
prepárame ya la lanza,
que contra esos gigantes
he de entablar la batalla.
Mi amo, no son gigantes,
solo molinos de nada,
y los brazos que usted ve
solo son sus cuatro aspas.
Cabalgando a Rocinante
y ganando esta batalla,
me haré celebre y podré
glorificar a La Mancha.
Mire señor, píenselo,
no cometa desatinos,
mejor volvemos a casa
y viviremos tranquilos.
Ayúdame, Rocinante,
-mejor caballo, no halla-,
que aquestos malos gigantes,
he de ganar la batalla.
¡ Ay , madre mía, que golpe !,
¡se nos ha roto la lanza!,
continuare con la espada.
¡ No continúe, señor,
o me marcho para casa.
De esta manera acaba
la historia con los molinos,
si le ha gustado a los niños…
quédese, para mañana.
Emilio.
Veréis, ya conocemos a todos los componentes de esta historia, ahora, nos vamos a divertir. Vamos a hacerlos hablar en verso, será guay y chuly, ya veréis:
Tu Juan, serás Quijano,
¿te quieres poner un mote?...,
si señor…, a ver, a ver…
me llamaré Don Quijote.
Tu Pedro, serás caballo,
ese que nombramos antes,
y que siendo muy delgado
te llamaras Rocinante.
Bueno Luis, como eres bajito
y te gusta la labranza,
te ha tocado:
desde ahora, Sancho Panza.
Solo falta un personaje
es el del lindo burrito,
¡ a ver Lucio!, ese Rucio
para siempre, tu amiguito.
Como esta historia es muy larga
solo contare una escena,
por ser la mas conocida
con molinos, la contienda.
En la llanura manchega
una imagen se destaca…,
un Don Quijote a caballo
y Sancho, que en asno montaba…
Amigo Sancho, te digo
que allí lejos, en la distancia,
he visto a unos gigantes
que sus brazos agitaban,
Mire usted bien, Don Quijote,
que en esa loma lejana,
solo se ven los molinos
para moler la cebada.
¡ Mal empieza esta jornada!...
Rocinante se quejaba
pues sabia que su amo,
por su edad, ya desvariaba.
Yo soy Rucio, no borrico,
si Rocinante se queja,
mala será la semana
y mas, montado en mi, Sancho,
que es una carga pesada.
Decidido, Sancho amigo
prepárame ya la lanza,
que contra esos gigantes
he de entablar la batalla.
Mi amo, no son gigantes,
solo molinos de nada,
y los brazos que usted ve
solo son sus cuatro aspas.
Cabalgando a Rocinante
y ganando esta batalla,
me haré celebre y podré
glorificar a La Mancha.
Mire señor, píenselo,
no cometa desatinos,
mejor volvemos a casa
y viviremos tranquilos.
Ayúdame, Rocinante,
-mejor caballo, no halla-,
que aquestos malos gigantes,
he de ganar la batalla.
¡ Ay , madre mía, que golpe !,
¡se nos ha roto la lanza!,
continuare con la espada.
¡ No continúe, señor,
o me marcho para casa.
De esta manera acaba
la historia con los molinos,
si le ha gustado a los niños…
quédese, para mañana.
Emilio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)